No vale la pena vivir y los cigarrillos se acaban. Caen las cenizas en el suelo y se pierden con el viento. Caen los sueños y los deseos y se desvanecen con el cielo. Cae todo, la hoja del árbol hasta secarse.
Vuelve a caer más ceniza en el suelo.
Un suspiro más en los pulmones y el humo se hunde en el ambiente frío de esta noche. Se mezclan y se pierden, todo se pierden y las cenizas siguen cayendo.

Nos ahogamos como los peces del océano pero no somos peces.
Volamos las aves pero no somos aves.
Corremos como el viento pero sólo lo sentimos.
Desnudamos el alma a los espejos.
Vivimos en la caja de cristal ya rota.
Seremos los ellos que ya vivieron.
Leeremos lo que ya se ha muerto.
Fumaremos el humo ya desvanecido en el viento.
Caminaremos las rutas ya empiedradas.
Moriremos y no habrá recuerdo.

Corria en la transitada calle de la ciudad, de frente una panadería, decidido a entrar pero con nervios pedí algo de comer. No siempre se puede vivir de leche y torta de chocolate.

No sé por qué aun me hallo en aquella calle, no me molesta pero tampoco me interesa estar allí. Personas, aminan, corren, van en coches, van en bus. Caminan y caminan y decido salir, no aguanto el sitio, suficiente por hoy.

Sentado en la silla negra de plástico que acompaña a el escritorio mi cabeza da vueltas y no llega a ninguna conclusión.

El aburrimiento y la monotonia viaja en mi vida más rápido que mis ideas sin poder avanzar en algo. Pregunto qué deseo y mi respuesta es no morir en el abandono. Acaso no existe algo que me llene de motivación a pararme de una cama que me consume en las noches mientras que al pasar esas diez horribles horas fuera de ella extraño la forma en la que me canaliza a la disposición de un enfermo.

Han pasado meses, muchos meses en los que ninguna mujer me ha hecho escribir. Estoy solo, totalmente solo, con la compania de una gata color amarillo, pelo largo y una hermosa cola parecida a la de una ardilla. Ella, mi sol, sólo me ve llegar después de mas de 11 horas y somos felices… Seguimos viviendo y compartiendo.

Quisiera que llegara alguien pero en este mundo cada vez preciso que no es posible, que no hay alma tan suficiente a la que me pueda agarrar y tampoco la hay quién me pueda consumir. Un mundo diferente, una vida diferente, el frasco comienza a escasear y quizás se rompa por el frío y la brisa que entra congelada por la ventana.

Por qué todo muere y nada revive? Si, extraño no tener con quien compartir, sólo eso. Ni una sonrisa, ni un café, una llamada, un saludo. No hay nada.

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